lunes, 24 de septiembre de 2012


Conozcamos un poquito más del compositor...





Vivaldi nació en Venecia, un 4 de marzo de 1678 y murió en Viena, el 28 de julio de 1741. Estudió música mientras se preparaba para ser sacerdote y más tarde dio clases en un orfanato femenino en Venecia. Fue un relevante violinista cuyas composiciones, que incluyen cientos de conciertos y sonatas y docenas de óperas fueron admiradas tanto por el público como por los expertos, entre ellos Bach. Su música cayó en el olvido a las pocas décadas de su muerte y no fue redescubierta hasta el siglo XX. Su obra Las Cuatro Estaciones, la que nos ocupará hoy, se encuentra entre las más populares jamás compuestas.


Analicemos estación a estación.... sintamos lo que cada estación nos trasmite musicalmente... ( PARA ELLO, OS ACONSEJO QUE OS PONGÁIS EL AUDIO DE FONDO Y OS DEJÉIS LLEVAR... ES UNA AGRADABLE SENSACIÓN...)

LA PRIMAVERA

Comienza con una alegre melodía siendo capaz de mostrarnos una atmósfera de total júbilo ante el nacimiento de la primavera. El ascenso de intensidad se debe a la intención de poner de relieve el complemento de la naturaleza rebosante de vida, donde el ambiente está inundado de luz y color.

Un juego armónico de violines imitará distintos trinos de tres pajaritos distintos, lo que nos recordará siempre que el carácter descriptivo de esta obra constituye un hito sin precedentes en la historia de la música.

También encontrará la manera de hacernos escuchar algo parecido al murmullo de las fuentes, con diseños melódicos de violines mientras toda la orquesta nos avisará de que se acerca una tormenta mediante notas rápidas recreándonos en la atmósfera violenta de la primavera. Luego llegará la tranquilidad y los violines se encargarán de mantener como un colchón armónico a base de figuraciones breves sobre intervalos cortos, representando el susurro de las hojas y de las plantas y las violas nos marcarán el ritmo imitando el ladrido de un perro y hasta de un pastor dormido. Es increíble que los instrumentos consigan hacerte sentir el marcado carácter rural de lo que suena....provocando efectos completamente diferentes para el que escucha.


EL VERANO

Vivaldi expresa el cansancio a causa del calor con un tema basado en breves motivos que parecen evocar la respiración lenta y profunda, mediante la orquesta y separados por silencios.

Luego nos presenta lo que quiere significar el canto de un cuco, una tórtola, un jilguero....hasta que suena un piano que evocará la lenta respiración de un céfiro.

Después la orquesta describirá en agitados movimientos la fuerza del viento, de distintos vientos, empezando por el nórdico y hasta el lamento de un joven campesino ante la incertidumbre de su destino hasta que los compases nos aclaran que la tristeza anterior y gracias al verano, se ha tornado alegría.

En el Adagio, el violín solista realiza una lenta melodía con la que Vivaldi quiere describir el ambiente tranquilo del descanso veraniego. De pronto, un descanso se ve sorprendido por lo que van a representar sonidos de moscas y moscardones siempre presentes en verano gracias a violines, violas y bajos, que repiten una misma nota con figuras breves y en tempo más rápido.

Y otra vez aparece el ambiente somnoliento del principio.

En el tiempo del Presto, el ambiente de tormenta genialmente descrito por el compositor lo realiza con toda la orquesta a base de figuras breves y a mucha velocidad.


EL OTOÑO

La orquesta interpreta una bella y sencilla melodía de carácter bailable que servirá de tema principal y funcionará como estribillo entre las diferentes intervenciones de la orquesta o el solista.

Vivaldi, en un momento dado, emplea el violín solista para describir a un borracho amigo del vino joven que nos proporciona el otoño. Escalas ascendentes y descendentes, florituras de todo tipo interpretadas por el solista con el discreto acompañamiento del bajo contínuo.

Pero la calma llega al movimiento de el otoño como pretendiendo ahora describirnos la tranquilidad bucólica del borracho durmiendo. Observamos en la instrumentación los diferentes colores que vemos en el otoño: ocres, verdes oscuros, amarillos y todo un abanico cromático propio de la estación otoñal y que Vivaldi nos describe a través de lánguidas melodías y tímidas intervenciones de la orquesta.

En el octavo movimiento, el del Adagio Molto, la calma sigue siendo absoluta, los violines, con sentido coral, armonizan con violas, chelos, contrabajos y el cémbalo de forma arpegiada. En esta tranquilidad del ambiente escuchamos la lenta respiración de los borrachos dormidos hasta que un acorde de violines nos indica que estamos en una progresión armónica: escuchando atentamente cada uno de sus tonos podemos lograr que nos transporte al ambiente otoñal después de la fiestuki donde todos duermen la borrachera de vino y alegría.

El noveno, el Allegro, está dedicado a la caza y a los cazadores, que en el alba se dirigen con trompetas y perros a realizar su labor. El carácter rítmico de la caza se mantiene en todo momento hasta que un violín solista dibuja con su melodía la huída de la fiera tras la que van los cazadores, basada en una progresión melódica. El carácter descriptivo de la música alcanza aquí uno de sus momentos más significativos.

Podremos escuchar como sonidos de escopetas y ladridos de perros gracias a cortas y decisivas intervenciones de las cuerdas hasta que inevitablemente los sonidos nos van diciendo que la fiera muere mientras huye gracias a vertiginosas escalas descendentes.


EL INVIERNO

Una introducción de la orquesta con acordes disonantes muestran la caída de la nieve y el frío del invierno. Todo en este movimiento nos transmite un ambiente gélido. La orquesta intenta imitar el viento y el frío racheado que nos suele abrigar en esta estación. Figuras rápidas nos evocan el temblor y los escalofríos que solemos padecer, o el chasquido de los dientes, mediante figuras cortas e intervalos pequeños. O la lluvia. Los violines en pizzicato imitan el sonido del goteo de lluvia.

En el allegro el violín solista interpreta una melodía de carácter recitativo, que con la inseguridad rítmica propia del recitado, evoca el caminar sobre el hielo, un caminar prudente y con temor, otro sonido para caídas y un tercero para carreras enérgicas, acelerando la velocidad.

Así que como podéis leer.....escuchar Las Cuatro Estaciones, no es solo disfrutar del alegre Vivaldi, es descubrir un sinfín de sonidos que posiblemente ahora escuchemos con otros oídos....¿a que sí?. Si es que.....deberíais ir al menos una vez en vuestra vida a un concierto de música clásica



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